Sobre La Independencia Puertorriqueña

Ahora, para consumo interno, la administración Bush da un salto al pasado hasta el extremo de atribuir naturaleza colonial al Estado Libre Asociado y decir que puede hasta ceder o vender a Puerto Rico a otro país sin que los puertorriqueños tengamos nada que decir.

Gob. Aníbal Acevedo Vilá (Abril 28, 2008)

Por más que admiro y simpatizo con los ideales independentista, en todas las décadas que he sido sujeto a los argumentos apoyando la soberanía puertorriqueña no dejo de confrontarme con la falta de pragmatismo en la perspectiva independentista.   La noble lucha para la autonomía nacional está en las manos del pueblo puertorriqueño – pero el poder lo tiene el congreso y Presidente de EEUU.  Considerando que más de un siglo de adoctrinamiento yanquísta y dependencia económica no se puede combatir exclusivamente con retórica y pasión nacionalista, los intereses independentistas deben pensar en manera más estratégica sobre la cultura política del poder colonizador.

En mi humilde opinión, no hay razón por cual el congreso estadounidense le otorga estadidad a Puerto Rico; y, por favor, no me diga que la decisión mayoritaria de un plebiscito lo justificara.  Quizás con excepción de los tres congresistas Boricuas, la expresión mayoritaria de los isleños significa nada para los congresistas de EEUU, y menos para los inversionistas en el mercado de bono a quien el gobierno puertorriqueño le debe el futuro sudor laboral del pueblo.  Adelante explico la razón por cual el circo de los plebiscitos sobre estatus es, al fin, un engaño trágico con la distracción de una ciudadania demente, con políticos manipuladores o ideológicamente perversos, y encerrada en un sistema electoral desgraciadamente paternalista.

A este momento en el año 2012, Puerto Rico está comparado, económicamente, con Grecia en su estado de quiebra (véase Cate Long, Puerto Rico is America’s Greece, March 8, 2012,  http://www.reuters.com).   La analista Cate Long advierte que el gobierno de Puerto Rico sufre una deficiencia de presupuesto que pone en alto riesgo el futuro de la isla con la masiva deuda pública que no se podrá pagar sin la garantía de Tío Samuel.   El día se está aproximando cuando el congreso decida que la Perla del Caribe es muy cara para mantener y totalmente indeseable como estado con doble la miseria del más empobrecido estado, Mississippi.   Pero fuera de la carga económica que los políticos norte americanos piensen que es su colonia, la posibilidad de entregarle a la isla el enorme poder político que viene con la estadidad sería totalmente absurdo.

Muy similar a las décadas comenzando en el siglo 20, el primer censo del siglo 21 (2010) indica que la población puertorriqueña, aun reducida 2.2% desde el año 2000, con 3.8 millónes de habitantes, sigue siendo más numerosa que 44% de los 50 estados.  Como estado, Puerto Rico tendría más poder político que esos en cual ideologías conservativas predominan con insistencia que la isla adopte el inglés como idioma oficial (y  todo lo que le sigue), con poco conocimiento de la historia y cultura boricua, exhibiendo prejuicios virulentos muy similar a las que tenían en 1898.  Cuatro años atrás, el profesor Raúl L. Cotto Serrano comentó en las páginas de Claridad qué “. . . EEUU nunca le concederán a Puerto Rico la estadidad. Los prejuicios que abundan respecto a los puertorriqueños, las diferencias culturales y el impacto sobre el balance de poder partidista en el Congreso estadounidense, son las razones más citadas para argumentar sobre la improbabilidad o imposibilidad de que esto suceda.”  Como estado Puerto Rico tendrá 2 senadores y aproximadamente 7 representantes, con más poder político que 22 estados, muy bien distribuidos por las cuatro regiones de EEUU.  Por ejemplo, estados como Mississippi,  en la parte sur, y Vermont, en el norte, son ideológicamente conservativos por diferentes factores históricos.  Digan lo que digan, el racismo de Mississippi no se ha eliminado y seguirá influyendo las perspectiva política sobre Puerto Rico y los puertorriqueños y, al fin, lógicamente ese estado tendrá que resistir esfuerzos que disminuyen su poder a favor de Puerto Rico.  El estado de Vermont es, en cultura y asuntos económicos, supremamente tacaño y sus residentes piensan que el individuo que vive sobre sus entradas es irresponsable, y así miraran a Puerto Rico.   También podemos anticipar la vigorosa oposición de los afro-americanos ubicados en el distrito de la capital estadounidense, Washington, DC, quienes por más de cuatro décadas han luchado para la estadidad con más merito que presenta Puerto Rico, y probablemente en su mayoría piensan que se merecen estadidad antes que Puerto Rico.

Entre otras razones y factores económicos, no podemos ignorar la realidad del presente derrumbe capitalista y la descreditada ortodoxia neoliberal que ha provocado tremenda resistencia mundial contra la globalización, empeorada por la polarización social y política en EEUU durante los últimos 11 años bajo la presidencia de Bush y Obama.  La corriente de los movimientos izquierdistas en la América Latina y los de derechos humanos en el Oriente Medio seguirán por un buen tiempo en el futuro, y el peso de ser el policía del mundo seriamente abrumara el tesoro estadounidense.  Los americanos se sienten ahogado con deuda, desempleo, una incertidumbre patológica, y totalmente disgustado con el liderazgo de toda la jerarquía política.  Mientras tanto, ciudadanos en esos países oprimidos con dictaduras apoyadas y/o formadas por el imperio cogen en serio la mitología de la democracia Norte Americana, luchando para una democracia verídica con justicia social y económica.   Todas estas fuerzas globales influyen y le dan formación al desagradable ambiente social y político en EEUU.   Ahora es el momento crítico para desarrollar una nueva creatividad en los esfuerzos para la soberanía puertorriqueña, en solidaridad con la Revolución Bolivariana.

Los intereses independentistas deben de organizarse para dialogar con representantes de esos 22 estados que estarán desventajados con la estadidad puertorriqueña y en manera astuta promover la independencia para la isla como la solución que beneficia a la ciudadanía de los dos países.   Sin duda, la problemática de esta táctica es que provocara la acusación de traicionar las preferencias de un pueblo, con acusaciónes de sabotajear sus derechos humanos y la autodeterminación nacional.  Por eso la táctica de informar al pueblo estadounidense tiene que ser acompañado con la concientización de las comunidades boricua en Puerto Rico y EEUU.  Esto requiere un proceso de discurso transparente con el pueblo y valientemente, sin disculpa, confrontar los que se opongan, ofreciendo análisis ferviente y persuasivamente razonado como ha sido la costumbre de los independentistas y la herencia nacionalista que nos dejo Don Pedro Albizu Campos.

Tampoco hay duda que los $13 o $15 mil millónes de subsidio serán muy difícil despreciar para la mayoría de esos isleños que no pueden imaginar un futuro sin la ayudita federal, pero ese temor se combate purgando la humillación y adolescencia de un país ‘imaginario’ que cumple 114 años al fin del 2012.  No tendremos temor gritar que el rey está desnudo y más.  Eso ya muchos puertorriqueños lo saben.